Una oscura muerte y tres anillos, de Enrique Gómez-Zapata

Una oscura muerte
brilla en el espejo, la entibia y trizadura
una pierna en el costado.
Busca el trágico atavío,
entre rosas negras y amarillas;
tumba el sueño,
ya no siembra el código o envío,
ya no canta, ríe,
aunque se haya ido.
Nadie pedirá su cuerpo,
o lo que de él queda,
ni esa pierna mal cortada por los nervios,
ni ese ojo que aparece y cae desde el techo
en dirección al norte.
No me vengas con quebrantos,
grita-grito-gritan.
No te vengo más que en pólvora y cenizas,
me responden, les respondo,
le sincero.
No hay más muerte que ese anillo envuelto en sombras,
mientras el ajado prometido
jala el percutor.
No hay más muerte bajo las estrellas
que esos dos que enfrentan celos y desdichas entre sí,
con la suerte dicha entre balazos
hacia el fango.
Nadie queda al celebrar,
sólo una mirada triste hacia las rocas,
en donde se abalanzan
los involucrados sin saber.
Nadie y nada queda, más que este vacío y cruel silencio,
una piel suave amoratada,
un registro dulce de esa melodía que termina en llanto,
un amor que ya se extingue,
desde todos lados,
desde el fin y del inicio,
desde nunca y el olvido,
desde el fondo una mentira
de aquel vals que no bailamos,
sino que anestesiamos otra vez,
hasta perdernos esa noche,
para siempre…
en Frágil desconsuelo, 1956

está mejor esta versión
sí..
V. dijo esto en 30/07/2009 a 2:42 am
ME ENCONTRE CON ESTE BLOG, Y ME ENCANTO, FELICIDADES
ESTO ES BUENA LITERATURA
GRACIASSS!!
ANNA dijo esto en 02/08/2009 a 10:57 pm