Los trenes solitarios, de José Raúl Palacios

y metales reservados.
Una altiva víbora de cuerpo recubierto
asoma entre fierros adoptivos;
se retuerce bajo cales, soles y cenizas.
Es el sur, hacia el sur
se desenvuelve la infinita cólera.
Su voz de chirridos
adormece el ritmo cascabel,
y en vagones, desde siempre inhabitados,
se saluda…
ya con ojos interdictos
ya en mirada no encendida.
en Cobra, herida y gravedad, 1993

la víbora…
v. dijo esto en 27/08/2009 a 10:48 pm